El García Lorca lleva a cabo un proyecto en el que voluntarios acompañan a niños con necesidades especiales en su propia clase

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Málaga Hoy por Cristina Fernández: El año pasado llegaron dos gemelos al CEIP García Lorca con trastorno del espectro autista. Sus rabietas incontrolables eran habituales, su déficit de atención notable y, por tanto, sus resultados académicos bajos. Este curso, sus realidades han dado un giro de 180 grados. Con atención individualizada y continua dentro del aula por parte de voluntarios estos niños de 9 años han conseguido seguir el ritmo de sus compañeros y sacar buenas notas. Ambos forman parte de un proyecto pionero de inclusión que ha puesto en marcha el colegio García Lorca.
Este centro, situado en la calle Alemania, cuenta actualmente con más de 50 alumnos diagnosticados con necesidades educativas especiales. Todos están integrados en el aula. Siempre han contado con los recursos de la administración para atender este colectivo, como profesionales de Pedagogía Terapéutica, Educación Especial y Audición y Lenguaje. Pero motivados por la inquietud de los padres decidieron dar un paso más. “En lugar de recibir la atención fuera de la clase hemos optado por hacer todo el tratamiento dentro”, explica la directora del colegio, Encarna Álvarez.
Un monitor o asistente voluntario acompaña al niño durante sus horas lectivas “e intenta que mantenga la atención, que siga las explicaciones, que realice los trabajos propuestos, totalmente normalizado como el resto de alumnos”, comenta Álvarez. Sentados junto al menor, estos profesionales, en su mayoría psicopedagogos, “van reconduciendo la atención del alumno y tranquilizan su conducta disruptiva para que continúen trabajando”, añade la directora y apunta que al tutor le sería “inviable dejar a 24 pequeños para atender a uno fuera del aula”. El personal voluntario también ayuda a estos alumnos en las relaciones con sus iguales.
Además del acompañamiento de estos voluntarios, si se considera que en ese momento es más interesante, los especialistas dan apoyo también dentro del aula, según afirma Encarna Álvarez. En otras ocasiones van al aula de integración con un grupo reducido. “Ésta fue una apuesta del propio colegio dentro de la autonomía de gestión y organización del centro”, recuerda la directora del CEIP García Lorca. “Los padres demandaban atención individualizada y consultando a los tutores vimos que el ritmo iría mucho más fluido en clase si tuviéramos gente de apoyo”, añade la responsable de este centro que cuenta con 675 alumnos y 44 docentes.

Una vez puesta en práctica la experiencia, los resultados son bastante importantes, según destacan desde el colegio. “Tenemos a niños autistas cada vez más normalizados, sin adaptación significativa y algunos sacando muy buenas notas”, destaca Álvarez, aunque reconoce que “otros niños más afectados progresan más lentamente, pero en definitiva, van mejorando, los resultados son positivos desde todas las perspectivas”, dice. El éxito del sistema experimental que, por el momento, se sigue con cuatro alumnos hará que el proyecto se amplíe al resto en cuanto se pueda. Y para que esta propuesta sea toda una realidad se necesita de la implicación de toda la comunidad educativa, muy especialmente, de las familias.

“Otra cosa que hay que destacar es que los asistentes no sustituyen a los especialistas, sino que colaboran en un proyecto conjunto, ayudan al tutor en su tarea”, subraya la directora que incide en que el objetivo final es “colaborar para que el alumnado esté integrado con normalidad sin que los deriven a un aula específica, porque consideramos que es más interesante que estén en una vida lo más normalizada posible para optimizar su desarrollo y socialización”, añade Álvarez segura de que la verdadera inclusión es enriquecedora para todos.

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